Matalapa
Vestía unos pantalones ajustados color rojo y el cabello recogido como era su costumbre en los días de vacación. Se había levantado tarde ese domingo. Toda la ciudad dormía después de un agasajo. Aquella tarde tenía ganas de pintar y busco unas esferas de navidad, unas que ya pasaron de moda, ahora que todos los años se reinventan la Navidad desde agosto. Las cortaba y las pintaba y las volvía a pintar, creando un mosaico de colores hasta llegar al tono requerido. A veces bordaba, otras veces hacia el jardín, sembrando y cortando flores y hojas a su gusto. Pero esa tarde había decidido que las esferas se convertirían en macetas colgantes. La tarde estaba fresca, silenciosa. Los vecinos aún se embriagaban con salsa de pavo, jamones, dulces, vino y cerveza. Un poco de lluvia mojó la cabeza de los autos, lágrimas del niño dios recién nacido. Yo esperaba un café. Mi reino por un matalapa gritaba en mi interior, pero debía conformarme con un cup de nescafé y un...