La escritura y las bodas
Ella llamó, me dijo que la
disculpara, que no podría acompañarme a la boda. Guarde silencio, un silencio
incómodo. Me dijo que no me enojara, no me enoje. Un túnel se abrió esos
segundos, al otro lado estaba mi ex, siempre buscando excusas para no salir
conmigo, evitaba el teatro, las ferias, las exposiciones y los eventos, solo
salía con beneplácito si íbamos a la iglesia. En ese túnel del tiempo, la novia
que nunca tuve flotaba también con "yo no puedo ir" "comportase
como amigo" "mantenga su distancia", "no llame la atención,
no haga nada estúpido". Al teléfono ella bromeaba conmigo diciéndome que
desde donde estaba podía ver mi cara de enojo. Repetí que no estaba enojado y
que prefería no hablar de eso por teléfono.
Escuche el motor del ventilador
de techo y el silencio interno. Por fin pasó la página y acordamos vernos el
viernes en la noche. Deje las noticias pasar, el noticiero repetía otra vez lo
que diariamente pasa en mi país, más muertos, nuevos muertos, muertos
envueltos, muertos encontrados, muertos mutilados, muertos no reconocidos,
muertos desaparecidos. Me senté en la terraza, fume un cigarrillo imaginario,
mamá veía el televisor, una chiltota silbaba. Se agolparon los recuerdos,
recuerdos y más recuerdos, un torbellino de pensamientos, la búsqueda de
respuestas, la creación de preguntas. Trate de dormir, casi lo lograba cuando
mamá me llamó para que hablara por teléfono.
Volví a la hamaca, pero la
nube viajera del sueño se había marchado, así que masculle nuevos pensamientos,
analistas, verificantes. Pare, recordé las palabras de la escritora. Escribir,
escribir, escribir, encendí esto, comencé y al finalizar decidí ir a comprar
cigarros y dejar que el viento de la tarde me besara la cara.
Más tarde salí, me reuní
unos colegas y yo seguimos nuestro complot sobre las aves de El Salvador. Hacía
calor, sudaba al manejar, no había tráfico, así que llegue en menos de diez
minutos. Trabajamos hasta las ocho de la noche, avanzamos bastante, pero poco
en comparación con todo el trabajo pendiente. Hablé, esbozamos posibilidades,
el uso de herramientas de investigación, mis ojos se encendían hablando de eso.
Regrese a casa y supe que no llegaría lejos con ella, no hasta donde yo estaba
dispuesto a llegar.

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