Su ropa


Recorría y buscaba posibles prendas femeninas, frunciendo el ceño como quien pregunta, el origen de las especies…

¡Las únicas que pueden dejar su ropa aquí son mis hermanas y mi hija!

¡Lo que quiero que dejes aquí es tu corazón no tu ropa!

(con esa voz de líder republicano de la cámara baja, sin errores ni confusiones, suficiente con los discursos de Sánchez Cerén!!!)

Y ella reía de mi tono, de las locuras y sus ojos brillaban

Una vez aclarado el punto, me beso en el cuello. Más tarde se sentó como una flor de loto y me pidió un Amaretto con galletas

La mañana siguiente se fue, luego encontré su blusa de dormir y sus punteras. 

Se las devolví un domingo de septiembre que se perdió

Mil días después, una de sus punteras apareció escondida entre mis calcetines de navidad…




29 de marzo de 2017

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