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Matalapa

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Vestía unos pantalones ajustados color rojo y el cabello recogido como era su costumbre en los días de vacación. Se había levantado tarde ese domingo. Toda la ciudad dormía después de un agasajo. Aquella tarde tenía ganas de pintar y busco unas esferas de navidad, unas que ya pasaron de moda, ahora que todos los años se reinventan la Navidad desde agosto. Las cortaba y las pintaba y las volvía a pintar, creando un mosaico de colores hasta llegar al tono requerido. A veces bordaba, otras veces hacia el jardín, sembrando y cortando flores y hojas a su gusto. Pero esa tarde había decidido que las esferas se convertirían en macetas colgantes. La tarde estaba fresca, silenciosa. Los vecinos aún se embriagaban con salsa de pavo, jamones, dulces, vino y cerveza. Un poco de lluvia mojó la cabeza de los autos, lágrimas del niño dios recién nacido.  Yo esperaba un café. Mi reino por un matalapa gritaba en mi interior, pero debía conformarme con un cup de nescafé y un...

Phaleanopsis (Orquídeas alas de mariposa)

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Conteo de mariposas en la madrugada El último cigarro del primer mes del año de las mariposas Los diez minutos de la llamada de San José y 1820 versos después Una blusa transparente de mariposas y tulipanes Mariposas en su cabello suelto suaves y brillosas Las tardes contemplando las lágrimas del amor  alimento de las mariposas Las hembras de colibríes comiendo entre mariposas El vodka de las mariposas y la triple negación de las cosas El Dalai Lama en el centro de la sala leyendo mariposas El blanco hueso de las veraneras, la sobreviviente Annona glabra , flores y frutos de mariposas Mariposas, dos tamales, café, amaretto Juan Valdez Un si quiere váyase Y unos besos sin amor

Norapsus

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Su boca es pequeña Su vagina estrecha Su cabello es negro Es muy ardiente Su inocencia se exhala entre los besos Sus risas son explosivas Sus cosquillas pululan su Venus Duerme boca abajo Aún no veo sus estrías Y ella temerosa. Un día me llevara a una Peña cultural y yo vendré Un día iremos al teatro y llorararemos Un día querré que no se vaya, pero la dejare ir

Obscena mujer

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Eres un sendero que no quiero volver a caminar Al final de tu camino espera la amargura como la falsa olla de oro bajó el arco iris. Tus ojos de papel periódico arrugado manchan las palabras No eres una rosa con espinas, eres espinas con falsas flores, un Anacardium revertido Ojalá twitter no hablará de ti, de tus crímenes, del niño interior que asesinaste Del olvido cada domingo con el café caliente. De esas dos píldoras que me tomo Canta, sueña. Espera que te busque. Que llore y que lamentes. Ve a la marcha, agita las banderas, suda la camiseta del sindicato, no te servirá de nada. Quise decirte eso y no escuchaste, Roman gritaba más fuerte

Guacalchias, ruidosas y hablantinas guacalchias

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Uno de mis sobrinos tiene ya dos años y me pidieron que consiguiera tres guacalchías para ayudarle por su falta de habla, yo le dije que antes mi prima debía estar de acuerdo pues no quería tener culpas a largo plazo. Mi hermano a los tres años era tartamudo. Mi madre le dio de comer guacalchias. Después no paraba de hablar, nos mareaba con sus continuos diálogos, incluso hablaba dormido. Era el vocero de la familia, hábilmente se comunicaba con todos y conocía de las noticias locales y familiares antes que cualquiera. Cuando yo alcance los catorce años usando una hondilla maté una de esas avecillas en la parte trasera de una construcción. Era mi hora de almuerzo, estaba ahí como ayudante de albañil en las vacaciones escolares de noviembre. Una antigua finca estaba siendo transformada en un colegio. Acostumbraba ir a la parte de atrás a buscar nísperos y marañones. Entonces las vi, unas cuatro o cinco, saltaban entre los arbustos, al principio no las distinguí. Usábamos hondilla...

3 de junio

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Los tacones de diez centímetros hacían que ella caminara sobre una alfombra A veces la acompañaba al supermercado y entre los pasillos me daba un beso furtivo, mientras yo buscaba una estrella en rebaja Las flores de carambola en su jardín, expedían un néctar con su nombre traslucido Muchas veces recolecte caracoles entre las Commelinas moradas, esas que le provocaban alergia en la piel Una vez me llevo almorzar a Punta Roca, después posábamos entre el sol y el mar y tres mil gaviotas de Franklyn pasaron cantando sobre nosotros Dos veces celebre su cumpleaños, luego fallecí Es tarde. Debo recoger las medicinas de mamá y obtener mi nuevo número de registro ambiental

Campo de engaños

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Es un campo abierto, los Pinos han sido removidos, alguna vez fue un bosque denso, ahora son solo cincuenta árboles, no pasan los treinta metros de altura, parece un conglomerado de parroquianos un primero de enero en la misa de las seis de la mañana. Hay señales de fuego y extensa ganadería, quizás antes de la creación del mundo, estos cerros ya los usaban los dioses para apacentar el ganado. El olor del anís, los helechos y las hojas de pino es inconfundible, tiene ese tono de madera, de ocote y hierbas, un olor de monte de montaña media, donde el fresco de la tarde se percibe a toda hora del día. Entremezclado con los Pinos, sobreviven los árboles de copinol. Las huellas del ganado están por doquier, hasta siento las garrapatas subirse en mi ropa cada vez que rozo la hierba. Llegar a este punto fue extenuante, en cada paso me martillaba la conversación con ella. Era a principios de julio. Me había llamado, insistido en ver al doctor. Mi presión arterial se elevó a los cie...